¿Cómo llegué a
ser maestra?
Jesica Viridiana Moreno de Jesús
Desde
los primeros grados de mi educación compartí el salón de clases con quienes
para mí, son excelentes maestros, la amabilidad, el compromiso, preocupación
por sus estudiantes y la forma distinta en que impartían clases son algunas de
sus características. Lo que más me agradó de ellos era que se preocupaban por
todos sus estudiantes, además me dejaban exponer mis opiniones e ideas, sus
clases eran divertidas y nunca perdían sentido. Viviendo todo esto, comencé a
sentirme atraída por ser algún día como ellos. “Algún día quiero ser como
ellos”, pensaba, si algo me emocionaba,
era precisamente lograr ser en un futuro una gran maestra.
Un
desajuste a lo que “quería ser de grande”, llegó a mis pensamientos cuando
entré a la preparatoria, debido a que mi hermano mayor comenzó a estudiar una
ingeniería. Sus experiencias en el transcurso de 2 años y medio me atraparon poco a poco, la
fascinación con la que hablaba de su carrera me envolvió. Ahora ya no estaba
tan segura de lo que quería estudiar. Así que gracias al apoyo de mis padres,
elaboré dos solicitudes para ingresar a la universidad; una para la
Licenciatura en educación primaria y otra para la Ingeniería en gestión
empresarial. Estaba muy feliz porque tenía dos opciones, sin embargo, me
preocupaba la parte económica ya que mis estudios no eran los únicos
importantes, sino también los de mis hermanos.
Nunca
pensé pasar ambos exámenes, siempre dije “total, si no quedo en una, me voy a
la otra”. Pero… ¡sorpresa!, obtuve mi boleto de entrada a las dos carreras, ¿y
ahora?, definitivamente eso no estaba en mis planes. Todos mis amigos hablaban
sobre su futura carrera y me cuestionaban sobre algo de lo que no tenía
respuesta, sí, me atacaban con la pregunta obligada: ¿a cuál te vas a ir? Algunos
mencionaban que de maestra me “moriría de hambre”, -ahorita ni siquiera ganan
un buen sueldo- decían, otros comentaban que como ingeniero no tendría tiempo
para dedicar a mi familia y amigos.
Cuando
menos lo esperé, ya estaba en un punto crucial de mi vida, frente a mí tenía
dos caminos. Por un lado estaba lo que había soñado ser toda mi vida, y por
otro, algo en lo que me había quedado atrapada con tan solo relatos. Tenía muy
poco tiempo para decidir, literal, eran alrededor de las 11 de la noche, me
quedaban menos de 20 horas para tomar una decisión definitiva. Mi boleto de
entrada a la Licenciatura en educación primaria era válido hasta las 4 de la
tarde del día que amenazaba con comenzar.
Esa
noche fue una de las más largas de mi vida, no dormí casi nada y eso que no era
Navidad o Año nuevo, ventajas tanto desventajas de las dos carreras
bombardeaban mis pensamientos. Al día siguiente era la Ceremonia de término de
estudios, por si fuera poco, también era el último día para inscribirme a la
Escuela Normal de San Felipe del Progreso. Mientras que mi mamá creyó que había
elegido la ingeniería, recuerdo que mi papá colocó el dinero necesario para la
inscripción a la Normal en su cartera. Inesperadamente me dieron un abrazo, me
recordaron la fuerza que tenemos como familia, dijeron que no importaba la
decisión que tomara, ellos harían lo necesario para que terminara mi carrera (lo
que me hizo llorar) y que siempre estarían apoyándome.
A
la mitad de la Ceremonia de término de estudios, por fin tomé una decisión. Opté
por estudiar la Licenciatura en educación primaria, elegí ser maestra. Recuerdo
que la ceremonia terminó aproximadamente a las 2 de la tarde, lo cual me dejaba
2 horas para realizar el pago de inscripción e ir a la Normal. Exitosa y
apresuradamente realicé, en compañía de mi papá, el proceso de inscripción en
la Escuela normal.
Ahora
soy docente en formación del sexto semestre de la Licenciatura en educación
primaria, ésta fue mi elección. A veces rondan
por mi mente ideas sobre cómo me sentiría si estudiara la ingeniería y si
estando allá tendría curiosidad sobre lo que significa estar en la Normal,
sobre todo, cuando las cosas se complican. En ocasiones el camino se vuelve
difícil, entonces recuerdo lo feliz que me hace estar frente a un grupo
impartiendo clases, en que ahora soy como los maestros que admiro desde años
atrás. Esos maestros, mis hermanos, pero sobre todo mis padres, son mi
inspiración… por ellos llegué a ser maestra, pese a la economía, el poco sueldo
y a que corro el riesgo de “morirme de hambre”.

