viernes, 9 de febrero de 2018

¿Cómo llegué a ser maestra?



¿Cómo llegué a ser maestra?
Jesica Viridiana Moreno de Jesús

Desde los primeros grados de mi educación compartí el salón de clases con quienes para mí, son excelentes maestros, la amabilidad, el compromiso, preocupación por sus estudiantes y la forma distinta en que impartían clases son algunas de sus características. Lo que más me agradó de ellos era que se preocupaban por todos sus estudiantes, además me dejaban exponer mis opiniones e ideas, sus clases eran divertidas y nunca perdían sentido. Viviendo todo esto, comencé a sentirme atraída por ser algún día como ellos. “Algún día quiero ser como ellos”, pensaba, si algo me emocionaba,  era precisamente lograr ser en un futuro una gran maestra.
Un desajuste a lo que “quería ser de grande”, llegó a mis pensamientos cuando entré a la preparatoria, debido a que mi hermano mayor comenzó a estudiar una ingeniería. Sus experiencias en el transcurso de 2  años y medio me atraparon poco a poco, la fascinación con la que hablaba de su carrera me envolvió. Ahora ya no estaba tan segura de lo que quería estudiar. Así que gracias al apoyo de mis padres, elaboré dos solicitudes para ingresar a la universidad; una para la Licenciatura en educación primaria y otra para la Ingeniería en gestión empresarial. Estaba muy feliz porque tenía dos opciones, sin embargo, me preocupaba la parte económica ya que mis estudios no eran los únicos importantes, sino también los de mis hermanos.
Nunca pensé pasar ambos exámenes, siempre dije “total, si no quedo en una, me voy a la otra”. Pero… ¡sorpresa!, obtuve mi boleto de entrada a las dos carreras, ¿y ahora?, definitivamente eso no estaba en mis planes. Todos mis amigos hablaban sobre su futura carrera y me cuestionaban sobre algo de lo que no tenía respuesta, sí, me atacaban con la pregunta obligada: ¿a cuál te vas a ir? Algunos mencionaban que de maestra me “moriría de hambre”, -ahorita ni siquiera ganan un buen sueldo- decían, otros comentaban que como ingeniero no tendría tiempo para dedicar a mi familia y amigos.
Cuando menos lo esperé, ya estaba en un punto crucial de mi vida, frente a mí tenía dos caminos. Por un lado estaba lo que había soñado ser toda mi vida, y por otro, algo en lo que me había quedado atrapada con tan solo relatos. Tenía muy poco tiempo para decidir, literal, eran alrededor de las 11 de la noche, me quedaban menos de 20 horas para tomar una decisión definitiva. Mi boleto de entrada a la Licenciatura en educación primaria era válido hasta las 4 de la tarde del día que amenazaba con comenzar.
Esa noche fue una de las más largas de mi vida, no dormí casi nada y eso que no era Navidad o Año nuevo, ventajas tanto desventajas de las dos carreras bombardeaban mis pensamientos. Al día siguiente era la Ceremonia de término de estudios, por si fuera poco, también era el último día para inscribirme a la Escuela Normal de San Felipe del Progreso. Mientras que mi mamá creyó que había elegido la ingeniería, recuerdo que mi papá colocó el dinero necesario para la inscripción a la Normal en su cartera. Inesperadamente me dieron un abrazo, me recordaron la fuerza que tenemos como familia, dijeron que no importaba la decisión que tomara, ellos harían lo necesario para que terminara mi carrera (lo que me hizo llorar) y que siempre estarían apoyándome.
A la mitad de la Ceremonia de término de estudios, por fin tomé una decisión. Opté por estudiar la Licenciatura en educación primaria, elegí ser maestra. Recuerdo que la ceremonia terminó aproximadamente a las 2 de la tarde, lo cual me dejaba 2 horas para realizar el pago de inscripción e ir a la Normal. Exitosa y apresuradamente realicé, en compañía de mi papá, el proceso de inscripción en la Escuela normal.
Ahora soy docente en formación del sexto semestre de la Licenciatura en educación primaria, ésta fue mi elección.  A veces rondan por mi mente ideas sobre cómo me sentiría si estudiara la ingeniería y si estando allá tendría curiosidad sobre lo que significa estar en la Normal, sobre todo, cuando las cosas se complican. En ocasiones el camino se vuelve difícil, entonces recuerdo lo feliz que me hace estar frente a un grupo impartiendo clases, en que ahora soy como los maestros que admiro desde años atrás. Esos maestros, mis hermanos, pero sobre todo mis padres, son mi inspiración… por ellos llegué a ser maestra, pese a la economía, el poco sueldo y a que corro el riesgo de “morirme de hambre”.